martes, junio 30, 2015

El inicio

Los gemidos inundaban la habitación. No eran placenteros... Eran como si el cuerpo intentara pedir auxilio de madera vedada, suspiros de contención, con la total intención de que el otro ser en la habitación no pudiera suponer que lo que le hacía era desagradable. ¿Pero quién podría pensar que era algo desagradable? Cualquiera


- ¡Ah!
- Lo siento... Estoy algo difuso ahora mismo, no me concentro.

- Um...
- No puedes culparme... Hay que hacer esto cada que desees salir.
- No, yo no... Quiero... Pero es... 
- No, si quisieras no lo harías. ¡Deja de mentirme!
- ¡Agn!

Drip drip drip...

Un chorro de sangre de color rojo encendido manchó la ya sucia sábana que otrora vez fuera blanca. Pero él seguía imperturbable en su trabajo. Sería una enorme mentira decir que él alguna vez fue así de versado en la costura... Jamás había ni siquiera cosido un botón o remendado prenda, tampoco había estudiado enfermería... Pero dicen que la práctica hace al maestro, y aquellos dedos ágiles que se movían entre aguja e hilo eran la prueba viviente del refrán.

- Listo... Procura no moverte demasiado.

Ella apenas si pudo sonreír, mientras el sudor frío recorría la palidez de su rostro. Sus dedos crispados no encontraron bálsamo en el término del ritual... Era quizás más doloroso aún cuando comenzaba a moverse. Aún así tuvo que levantarse y caminar al baño, con pasos tan pequeños y tiesos que alguien que la mirara podría considerar divertido su andar muy parecido al de los pingüinos.

Ya ni siquiera le importaba mirarse al espejo como las primeras veces... Aprendió que si no veía el trabajo realizado simplemente no lloraría. Con sumo cuidado limpió la sangre que escurría por sus muslos hasta las rodillas y tobillo... Un algodón humedecido en agua oxigenada era ahora su peor enemigo, y aún así, comenzó a pasarlo en la piel hinchada por las costuras poco estilizadas. Sus piernas temblaron y tuvo que sostenerse del lavabo para no caer... Pero siguió limpiando, mientras lloraba sin darse cuenta.

- Estás lista, querida... Recuerda volver pronto, antes de las seis de la tarde... No me hagas recordarte lo triste y decepcionado que estaría si encuentro una sola costura removida...
- No hace falta... Me voy... Te amo.
- Y yo a ti, te lo demuestro todos los días.
- Lo sé.

Y dándole un beso sonrió y salió de la casa, intentando andar lo más normal posible... Lo amaba. Por eso soportaba todo aquello... Porque su amor era la fuerza que lo impulsaba todo, la voluntad para resistir cualquier cosa, incluso aquello que la estaba llevando al borde del desmayo. "Es cuestión de acostumbrarse" dijo él las primeras veces en las que el shock por dolor la arrastró a la inconsciencia... Trabajando juntos podían demostrarse su amor. Una y otra vez.

Capitulo I


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